El Poder de Dios

Testimonio: Mi vida en 2 hojas – Mario González

¡Hola hermanos! Quiero celebrar el poder de Dios. Me llamo Mario González, tengo 40 años de edad, actualmente resido en el país de España, desde hace 13 años, nací en la ciudad de Guatemala, Centro América y crecí en un pueblo llamado San Pedro La Laguna, Sololá, un pueblo bello, pintoresco y turístico.

Crecí en una familia católica. No conocí a mi padre terrenal, perdió la vida en la guerra civil en los años 80 en Guatemala. Mi madre tuvo que dejarme a cargo de mis abuelos. Fui criado por mis abuelos, que por desgracias ya han partido de esta tierra. Disfruté de mi niñez y conforme pasaba el tiempo fui creciendo aprendiendo en casa los buenos valores que mis abuelos me inculcaban.

Fue en la etapa de mi adolescencia, cuando todo empezó a torcerse. Empecé probando bebidas alcohólicas que poco a poco me fue gustando hasta llegar al punto de emborracharme. Se había vuelto un gran problema en mi vida, sufriendo conmigo, mis abuelos, mi conducta cambio radicalmente, me volví desobediente, mal educado a tal punto que decidí irme de casa. Nunca me dejé educar por mi madre ni tampoco quise recibir apoyo de su parte, de hecho, nunca la reconocí ni la acepté como mi madre, para mí era simplemente cualquier persona.

Mientras todo eso pasaba conocí a otros jóvenes que supuestamente eran mis amigos, junto a ellos fui explorando otros vicios como por ejemplo las drogas y mujeres prostitutas. A los 19 años de edad pisé por primera vez una cárcel. A causa de mi rebeldía perdí la confianza de mis abuelos y de las personas que yo amaba. Hice mi vida como a mí me gustaba, fue tanto eso que volví a caer en prisión, ya era la segunda vez que yo pisaba una cárcel, pero aun así nada ni nadie podía hacerme recapacitar. A mis 26 años, intenté acercarme por primera vez a Dios, por lo que mi fe era una fe muerta porque no había actitudes ni buenas obras, a los meses fracasé y volví a caer en el alcoholismo y las drogas. A los 27 años decidí viajar al extranjero. Mi sueño era viajar a estados unidos ilegalmente. Mi propósito era ganar mucho dinero y tener todo, refiriéndome materialmente, mi sueño fue truncado. En el trayecto tuve un accidente de automóvil, paré en un hospital, pero antes de eso ya había tenido un accidente de motocicleta.

Un año después nuevamente retome la idea de viajar, pero esta vez cambié de destino. En el año 2008 decidí viajar a España, donde creí que mi vida sería mejor que en mi país, dejando a un lado mi trabajo, dejé a mi familia a mis amigos y a todas aquellas personas que quiero. Dos meses de haber pisado tierras europeas conseguí un empleo, era para mí un mundo desconocido, me sentía feliz en mi mundo lejos de Dios. Conocí a personas muy buenas amigos, incluso mi jefe es para mí como un hermano que me ha apoyado en todo, hasta en mis malos momentos. Según pasaba los meses mientras yo me adaptaba sentí la confianza de ser nuevamente yo. Volví a mis andanzas, en mis borracheras y mis malas actitudes y decisiones en un país que me había adoptado. Conocí a una chica que actualmente es mi pareja. Ella ya andaba en los caminos de Dios, me hablaba de su palabra, pero yo me aburría me cansaba, incluso terminábamos discutiendo. Al principio todo era felicidad, todo era amor, todo era tranquilidad, pero todo cambió, ella trataba la manera de ayudarme espiritualmente, pero mis vicios en ese entonces eran más fuertes que yo.

Pasaron los años y aun así con mi mala actitud. Ella seguía a mi lado. En el año 2016 me dio una noticia, que íbamos a ser padres. Me sentí muy feliz por el gran regalo que la vida me iba a dar. 2 de noviembre del año 2017 a las 10 de la mañana, en una sala de espera, mi pareja estaba ingresada en el hospital lista para dar a luz a mi pequeña niña.

Pero había malas noticias, los médicos diagnosticaron algo en mi bebé. Me llamaron y me informaron que mi niña podría nacer con complicaciones. Notaban que la cabeza de mi hija era muy pequeña de lo normal. Sentí algo en mi cuerpo, escalofríos, no pude más y comencé a llorar como nunca sin consuelo alguno. En ese momento medité, me hice muchas preguntas que yo mismo tenía respuestas. Sentado junto a una máquina de café, recordé muchas cosas de mi vida, de lo bueno y de lo malo, me acordé de todas las palabras de mi pareja cuando me hablaba de Dios. Me recuerde que un día, quise abrirle mi corazón a él, pero me negué hacerlo.

Una luz se prendió en mí y le pedí a Dios por primera vez, pedí perdón por mis faltas, por mis actitudes por todo lo malo que había hecho, pero sobre todo hice un trato con él. Le dije: “Señor, si tu realmente me amas, trae con bien a mi hija, si tú me das ese regalo yo te prometo seguir tus pasos y servirte, reconozco que tú eres mi salvador y te acepto en mi corazón.” Horas más tarde, mi bebé nació y yo estaba ahí. Vi su carita por primera vez y me sentí el hombre más afortunado del mundo. Fueron momentos felices los tres, mi pareja mi niña y yo, mi niña nació con bien, los médicos no podían explicar lo que había sucedido, asombrados y yo impactado por el gran milagro que Dios me regaló. El Señor había cumplió su parte, ahora faltaba el mío.

Al poco tiempo presente a mi niña a al señor, empecé a asistir a la iglesia y leer la palabra de Dios con la ayuda de mi pastor y líder Jimmy y Jana. Mi vida empezó a cambiar grandemente, los conflictos en mi familia cesaron, mi relación con mi pareja mejoró, recibí a Jesús en mi corazón y cada día que me levantaba tenía hambre y sed de Él. Decidí estudiar y prepararme para servirle al señor, quiero ser un siervo suyo y ayudar a los demás que lo desconocen y necesitan de Él. Dios sin darme cuenta ha hecho grandes maravillas en mi vida, a pesar de mis actitudes de mi vida pasada me he dado cuenta que nunca me ha abandonado y que siempre ha estado ahí sujetándome en mis momentos difíciles. Estoy agradecido con él y esa es la razón por la que hoy he estado buscando medios para poder prepararme y alimentarme de su palabra para poder servirle y ayudar a los que aún el diablo tiene en cautiverio.

Con la presencia de Dios, he vuelto a renacer, gracias también a ustedes como Instituto de Líderes Cristianos por compartir y prepararnos, infinitas gracias y que Dios los siga bendiciendo en el ministerio y que sigan ayudando a más personas que realmente lo necesitan. Dios ha cambiado la dirección de mi vida, Dios ha hecho cosas maravillosas para mí, Dios tiene propósitos para mí y tiene grandes cosas preparadas para mi vida, me siento feliz y bendecido. Que el Señor los bendiga.

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