Abrir una extensión de la iglesia en los Estados Unidos

Abrir una extensión de la iglesia en los Estados Unidos

Para lograr esto debemos formarnos con mucha responsabilidad para enseñar una sana doctrina

¡Abrir una extensión de la iglesia en los Estados Unidos! Dios es un Dios inmenso en misericordia, amor y experto en buscar a sus hijos. El me llamó y yo respondí a su llamado. Soy la mayor de mi hogar de origen en Costa Rica, de fe católica todos. Siempre he sido una persona que he amado y buscado a Dios desde muy pequeña, trataba de leer la biblia y comprenderla, aunque no la entendía mucho y dormía abrazada a ella, inclinada a la oración y con temor del Dios Todo Poderoso.

Desde mi fe católica, intenté obtener más conocimiento acerca del Señor y me hacía muchas preguntas porque no abarcaba el suficiente conocimiento de Su Palabra. No logré tener esa experiencia mas profunda para llenarme de entendimiento y de la sabiduría que ansiaba.

Toda mi niñez y adolescencia experimenté cuadros de inseguridad e inconformidad conmigo misma a causa del bullying que recibía en mis centros de estudio. También experimenté el divorcio de mis padres, lo que me dolió mucho y viví escenas tristes a causa del alcoholismo de mi padre. Todo esto contribuyó a una baja autoestima y anhelaba que Dios me liberara de todo esto.

Cuando tenía 20 años conocí a un joven con una mística muy interesante y me hablaba que tenía muchos conocimientos acerca de Dios, de secretos profundos y que era necesario que yo conociera la verdad. Poco a poco, le seguí prestando atención, le tenía admiración por ello y me hice novia de él.

Me fui involucrando a esta fe que era muy mística y secreta. Luego él, me invitó a casa de unos taiwaneses y me adentraron aún más en esa doctrina. Me explicaban también que era muy sagrado y secreto; que a los templos que ellos tienen solo pueden acceder con cierta confidencialidad.

Sus rituales en mandarín, que yo no lograba entender, se hacían a través de repeticiones en ese idioma. Me inclinaba muchas veces y preguntaba que si me podían traducir los rituales y decían que no había forma de traducirlo. Me explicaron que la supuesta verdad es el Thao de Dios, revelado a los hombres, y se fundamenta en que Dios envió a su hijo a la humanidad en diferentes tiempos de la historia en representación de los cinco santos de los que son las religiones del todo el mundo: Jesucristo, Confucio, Buda, Mahoma, y Krishna.

En las reuniones daban las enseñanzas los taiwaneses y estas eran traducidas por algunos de ellos. Se estudiaban escrituras de la Biblia cristiana, de Confucio, entre otros libros propios de la otras religiones. Para llegar a comprender esta verdad, se manejaban muchos conceptos orientales, por ejemplo de energía de yinyang, el karma, la reencarnacion y otros.

También me inducían a no hablar a otras personas de estos conocimientos, ni a mi familia porque eran sagrados. Tiempo después, me di cuenta que mi novio hacia viajes astrales y prácticas de ocultismo, más extraño aún de lo que se veía en esa religión. Él era capaz de hacer mal a otras personas a través de sus prácticas. Eso me tenía asustada y confundida; me quería controlar todo el tiempo y me tenía amenazada. Me decía que si yo me alejaba de él no iba a poder sobrevivir, ya que en lo que yo me había involucrado era muy fuerte, y que el “karma” me iba a “matar”.

Gracias a la intervención de Dios en mi vida, quien tocó el corazón de la mamá de mi exnovio, me hizo abrir los ojos de quien era realmente su Hijo y lo equivocado que él estaba, poco antes de que ella falleciera a causa de cáncer. Así tome la decisión de alejarme definitivamente de él y de todo esto, y logré escapar gracias al amor que el Señor me tiene.

Después, al poco tiempo comencé asistir a una iglesia cristiana en la que encontré el amparo y refugio que siempre estuve buscando. Ahí conocí al Dios de Verdad, al que me libra del lazo del cazador, el que libera mi alma, el que sacia mi sed con agua de vida eterna y me introdujo a su conocimiento. Como dice en la escritura en Juan 8:32 “Conoceréis la verdad y la verdad los hará libres”.

Comencé a formarme y a entender las escrituras como nunca antes. Entendí que no hay otro camino para llegar el Padre que no sea Jesucristo. Él es el camino, la verdad y la vida (Juan14:6), el hijo unigénito del Padre que fue enviado para salvación de todos nosotros (Juan 3:16). Solo Él murió y resucito, venció a la muerte y nos regaló por gracia esa salvación. Su tumba esta vacía y reina con gloria y poder a la diestra del Dios vivo.

Pude entender lo peligroso que no es tener raíces espirituales profundas en Jesucristo para que no permitan que ninguna corriente de este mundo te arrastre y te lleve a condenación. 

Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad. (Efesios 4:14)

A través de este proceso conocí a quien es hoy mi esposo con quien formé una bella familia, cimentada en Cristo, quien nos ha llamado a servirle a través de un pastorado que anhelamos ejercer con todas las fuerzas del corazón. Hemos visto grandes maravillas, y su gloria y poder en nuestro matrimonio.

Dios nos movió de Costa Rica para Los Ángeles, California, para ejercer este ministerio, poniendo la gracia y la confianza de nuestros pastores en Costa Rica para abrir una extensión de la iglesia en los Estados Unidos. Para lograr esto debemos formarnos con mucha responsabilidad para enseñar una sana doctrina y llevar el evangelio que es una necesidad urgente.

Hay mucho sufrimiento en el mundo, un gran enfriamiento de corazones y gente confundida o que viven en ignorancia de la Palabra de Dios; no hallan esperanza en medio de sus angustias y vacíos y debemos señalarles cuál es el norte correcto, el verdadero refugio donde está su salvación y completa felicidad.

Todo esto lo podremos lograr gracias al entrenamiento que nos facilita el Instituto de Lideres Cristianos, siendo un reto por alcanzar, ya que como padres de familia. Tenemos que alcanzar el equilibrio entre nuestros trabajos para establecernos bien en esta bendecida nación, dedicarles tiempo a nuestros hijos y al hogar. Pero es de suma importancia para nosotros cumplir esta misión, de poner por obra este tesoro que nos fue entregado en nuestras manos.

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