Hoy vuelvo a trabajar en la Iglesia

Hoy vuelvo a trabajar en la Iglesia

Empecé a ver la necesidad que hay en mi comunidad

¡Hoy vuelvo a trabajar en la Iglesia! Soy Ruth Hernández, vivo en frontera, Tabasco, México. Tengo 40 años de edad y tengo 2 hijos; mi hija mayor tiene 17 años y mi hijo menor tiene 8 años de edad, ambos están a cargo mío y son muy buenos estudiantes. Trabajo en casa haciendo cortes de cabello y vendiendo postres.

Vivimos en casa de mi madre en una colonia llamada el Arenal. En nuestra comunidad es uno de los barrios más inseguros; constantemente hay asaltos, y los niños y jóvenes no tienen muchas expectativas de cambiar de ambiente, pero Dios nos ha puesto en este lugar para alumbrar en medio de las tinieblas.

En la iglesia, mi hija y yo servimos en el ministerio de niños. Este es un área que me gusta mucho por qué alguien sembró La Palabra en mi corazón durante mi niñez y eso marcó mi vida. Conocí a Cristo en mi niñez gracias a una hermana que tuvo a bien presentarme al Señor y eso se grabó en mí.

Mis padres, aunque alguna vez asistieron a la iglesia, se retiraron y cuando te alejas del favor de Dios suele traer consecuencias graves. Mis padres se separaron y tuvimos que mudarnos de casa, de lugar y de condición. Fueron años tristes, dolorosos pues el pecado nos destruye y mis padres vivieron eso.

Pero Dios es bueno y nuevamente Su Palabra llegó hasta mí. Mi abuelita comenzó a congregarse en una iglesia cercana y decidió llevarme. Volví a escuchar Su Palabra de esperanza para mi vida y también para mi madre. Acepté al Señor a la edad de 11 años y decidí bautizarme a los 13 años. Tuve el llamado al ministerio a los 16 años, pero tuve miedo al fracaso y opte por seguir trabajando normalmente en la iglesia.

El miedo me paralizó y debido a ello desobedecí a Dios; seguí con mi vida normal aunque insatisfecha. No hay paz en el corazón cuando incumplimos con Sus planes. A los 17 años conocí al que sería mi esposo, me casé a los 22 años y un año después tuve a mi primer hija. Tiempo después, él decide ir a un seminario y fue un golpe para mí, porque en mi interior era mi deseo más reprimido; el miedo seguía en mi corazón y en medió de muchas batallas conmigo misma, apoyamos a mi esposo.

Me quedé en casa a cargó de mi hija mientas él estudiaba. Fue algo complicado económicamente y viajaba los fines de semana por qué no podíamos estar con él. Terminó después de 2 años y le dieron una iglesia pero a los 8 meses la entregamos pues el cayó en pecado con una joven de la iglesia que pastoreaba.

“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

Cómo era de suponerse eso fue un gran dolor para mí y para él también. Pero me sentí culpable por qué el fracasó al que tanto le temía se había hecho presente. Tratamos de seguir adelante con nuestras propias fuerzas y eso no fue posible. Dios tiene que estar en medio del asunto.

Me alejé de la iglesia por vergüenza y él no pudo volver a levantase; fue cayendo más y más hasta que decidimos separarnos. Él comenzó una nueva familia y yo estaba embarazada de nuestro segundo hijo. Pasé junto a mi hija duras penas, dolor y depresión, pero solo la mano de Dios sostuvo nuestras vidas. Cuando tú estás en los planes de Dios, tarde o temprano Él te pone en el camino correcto.

Tuve que pasar por el fuego para volver a Él. Su fidelidad me sostuvo. Su amor y Su misericordia fueron constantes en mi vida y Él nos ayudó, sustentó y trajo nuevamente el gozo a mi corazón. No fue un camino fácil pero Él es mi Dios y siempre me mantuvo cerca de Él.

Hoy vuelvo a trabajar en la iglesia y eso llena de gozo mi alma. Empecé a ver la necesidad que hay en mi comunidad; niños que sufren escases y abusos en sus propios hogares, personas necesitadas de Dios, de una palabra de esperanza. 

Mientras mi hija y yo buscábamos material para poder trabajar con este tipo de niños encontramos el Instituto de Líderes Cristianos. Eso fue una enorme bendición para mí vida por que aún el deseo de servir está en mi y que mejor que tener las herramientas para hacerlo desde casa pues nuestros recursos no son muy altos y tengo la responsabilidad de mis hijos y de mi trabajo en la iglesia que requieren de nuestro esfuerzo y tiempo.

Yo no vuelvo a fracasar por que entendí que Él es mi Dios y siempre me ayudará. Aunque pase por el fuego y por los ríos, Él es quien me sostiene; Él es el protagonista de mi historia. Nunca me abandonó y aunque yo trate de esconderme, Él siempre me encontró. Si mi familia y yo llegamos hasta aquí y  estamos en bendición, todo ha sido por Él y para Él.

Sea la gloria para Él porque tiene misericordia y puso en mis manos está gran bendición de poder aprender, estudiar y ser útil a través de ILC. A Dios sea toda la gloria y el agradecimiento a quien hizo la voluntad del Padre a través de este hermoso recurso.

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