Me ha llamado al Ministerio de Maestro

Me ha llamado al Ministerio de Maestro

He escuchado la voz del Espíritu Santo en muchas ocasiones.

¡Me ha llamado al Ministerio de Maestro! Mi nombre es Nolbin, un joven de 20 años, nacido en Guatemala el 25 de octubre de 2001, hijo de padres cristianos y líderes de la iglesia. Me mudé a Estados Unidos en el 2018 para una mejor vida. Mi historia empieza a mi corta edad de 5 años, era el quinto hermano, el más pequeño. A esa edad muchos recuerdos son borrosos pero se guarda en la mente lo más importante… la muerte de mi mamá; falleció de leucemia, cáncer en la sangre. Ella era como la pastora de la iglesia a la que asistíamos pues nadie se atrevía a pararse y querer enseñar a la congregación.

Antes que mi madre falleciera, mi papá se regresa de Estados Unidos a mi país pues sin mi madre nadie estaría a cargo de nosotros en Guatemala. Ella dijo que si moría lo haria en su casa con sus hijos. Recuerdo perfectamente que estaba con mascarilla y un tanque de oxígeno. Mi hermana mayor estuvo con ella en el hospital todo el tiempo y con mi papá recién llegado de Estados Unidos.

Aún recuerdo cuando vi a mi papá por primera vez ese día mientras retirábamos a mi mamá del hospital aún con vida. Cuando lo vi a él, me dio risa porque se parecía demasiado a mi. Ciertamente era mi padre así que era normal. Lo vi sentar a mi mamá en el microbús o autobús en el que fuimos por ella.

Ya habíamos recorrido bastante trayecto cuando a mi mamá le falto el aire, aún recuerdo con angustia cuando respiraba profundo una y otra vez. De pronto en esa última inhalación y esa larga y dolorosa exhalación seguido por las palabras de mi recién llegado y conocido padre; “ya estuvo, ya murió”. De repente el ambiente se tornó pesado y doloroso. No comprendía ese dolor. Sentí que una parte de mí murió ese día. A mi corta edad de 5 años vi morir a mi madre. Mi vida, mi personalidad y mis creencias cambiaron.

Paso el tiempo y mi familia por diferentes motivos se separó. Mis dos hermanos se fueron a vivir con mis abuelos, una de mis hermanas se fue a estudiar lejos y mi otra hermana mayor se casó. Así fue como a mis 5 años pase de estar con toda mi familia a estar solo con un padre que apenas conocía y en una casa que tan solo meses atrás estaba llena de amor y felicidad.

Mi padre tomó el lugar de mamá en la iglesia pues no había nadie quien lo tomara y los líderes de esa iglesia estuvieron de acuerdo. Mi papá me supo instruir por el camino correcto aunque lleno de necesidades físicas y materiales pero me instruyo a vara y consejo.

Recuerdo mi primer sueño espiritual por así decirlo. Han pasado ya 12 o 13 años de ello, pues tenía entre 7 y 8 años pero aún lo recuerdo perfectamente. En el sueño estaba fuera del templo al frente de una fogata con mi papá y muchos predicadores y cristianos que eran conocidos de mi papá. De repente mi mirada se enfocó en uno que estaba entre la multitud. Esta persona me daba temor, mucho temor. En mi mente sabía que no era alguien bueno y cerré mis ojos. Cuando los abrí ya no estaba ni mi papá, ni predicadores, ni cristianos; solo yo y este personaje que vestía sombrero negro y saco negro.

No sé si lo pensé o me dijo él con una risa muy tenebrosa, dijo que era el diablo y que venia por mí. Era un niño en ese entonces y lo único que supe hacer fue llorar. Recuerdo que me dijo que si lo alcanzaba me dejaría vivir así que llorando corrí hacia él pero cuando estaba a punto de alcanzarlo desaparecía y aparecía al fondo de una larga calle riéndose de mí. En eso me acordé de los pactos que se hacen con el diablo y cosas así pues las conocí por medio de la televisión en programas de ese tipo.

Así que le dije a este personaje, llorando, que hiciéramos un trato, que me dejara vivir y que después me llevará. Él riéndose me dijo que estaba bien, firme un papel y desperté. Pasaron días y yo padecía de pesadillas por la noche. Soñaba calaveras de fuego; soñaba con una mujer vestida de blanco con el pelo en su rostro que me perseguía; soñaba que una enorme oscuridad me cubría y de repente miraba mi cuerpo enorme. Tantas cosas que no se explicar en detalle.

Estuvieron unos días dos de mis hermanos conmigo pues estaba mal. Una de mis hermanas y uno de mis hermanos me llevaron donde una señora que ahora puedo decir que hacía brujería o cosas así. Me pasó monedas por todo el cuerpo y me dijo que tirara un puñado de monedas hacia atrás

A la mañana siguiente, no recuerdo bien pero lo hice tal cual dijo y para mi sorpresa todo se me quitó, todo se calmó, obviamente ese secreto se le ocultó a mi padre pues sabíamos que el de ninguna manera hubiera dejado que me hicieran eso.

Mi adolescencia fue difícil; no me quejo pero si fue complicada. Mi padre sufre varios accidentes que en dos ocasiones casi le cuestan la vida. El deja de trabajar porque le quedó una gota de sangre en la cabeza y así no podía laborar. Se casa mi otra hermana que vive en la ciudad y me dice que me vaya a estudiar donde ella pues había mejor educación allá y ella cuidaría de mí, juntamente con mi ahora cuñado, que por la gracia de Dios el es cristiano y su papá pastor así que con él ya eran dos pastores en mi vida.

Mi papá pues con dolor pero sabiendo que era una mejor vida para mí decidió que estaba bien que me fuera a vivir con ellos y así crecí. Iba a la iglesia donde se congregaba mi hermana pero siempre fui como amigo. Nunca acepté a Cristo, estaba en la etapa de la rebeldía y la altivez de la juventud y pues la iglesia era en lo último en que pensaba.

Me gradué de Bachillerato en Ciencias y Letras con Orientación en Educación, y a la edad de 17 años decidí venirme a Estados Unidos, pues mis hermanos varones ya estaban viviendo acá. Ellos habían tomado la decisión años atrás de radicarse en este país. Vine como inmigrante, me entregué como menor en inmigración, fui a una casa hogar y me pidió uno de mis hermanos. Así fue como llegué a este país en el año 2018.

Cuando me establecí acá viví con uno de mis hermanos, el que seguía después de mí. Yo ya tenia 17 años cuando lo volví a ver a él. Mi hermano ya tenía 2 hijos en este país y una esposa. Él por la gracia de Dios ya era cristiano, así que me invitaban constantemente a su iglesia.

Pasó el tiempo y recuerdo muy bien que dos días después de mi cumpleaños un sábado por la noche, él bajó, yo estaba en la sala y me dijo; “vamos a la iglesia”, mi respuesta fue no, el subió a su habitación y luego antes de irse, desde la puerta me dijo una vez más; “vamos a la iglesia”. De nuevo le dije que no. Así pues el se fue y a los 20 minutos regresó porque se le había olvidado algo en casa, y una 3a. vez me dijo; “vamos a la iglesia”. Nuevamente mi respuesta fue un rotundo no.

Estas tres invitaciones las recibí un sábado y el día lunes en mi trabajo que es “roofing” (trabajo en techos de casas), me caí de una altura de 3 pisos y medio. Y este es mi testimonio. Ese día fue el día que Dios me demostró que Él es el único que puede hacer de lo imposible algo posible. Caí en un muro que tenía una lámpara encima, mi pie callo encima de ello y amortiguó todo el impacto. Rompí la lámpara que era una esfera de vidrio con mi pecho y rebote hacia un cuadro pequeño de tierra que estaba a la par.

Lo impresionante de todo esto es que, se amarraron 5 sogas arriba de la casa y apareció una sexta, en la cual uno de mis compañeros estaba amarrado. Él no se cayó, y cuando yo ocupe esa soga se desprendió y solo recuerdo el sonido inconfundible de la soga haciendo fricción. El lugar en que caí y como caí fue el perfecto, porque “La Mano de Dios”, estuvo en ello. Pues 20 cms. hacia delante estaba la división del predio con púas de metal hacia arriba, 20 cms. hacia atrás estaban unas gradas de concreto, 20 cms. a la derecha estaba el domper donde se tira la basura y tenía una enorme barra de metal viendo hacia arriba, y ahí estaba yo cayendo en el lugar exacto.

Recuerdo que estando en el suelo escuché a mi hermano “el cristiano” que bajo rápido. Pensando todos que yo estaba muerto, y para sorpresa de todos solo tenía mi pie izquierdo viendo hacia tras, literalmente un pie viendo al frente y el otro hacia atrás. Solo pensar en moverlo me dolía; un dolor incomprensible, un dolor que nunca había experimentado.

Mi hermano mayor me llevo al hospital, el no era cristiano al igual que yo, llegué al hospital y para la Gloria de Dios mi pie que estaba viendo hacía a tras, en el transcurso de donde me caí al hospital se enderezó. En el hospital me hicieron radiografías y una doctora entré y me dijo: “El pie si está fracturado, mañana tienes una cita para que te pongan yeso en el pie”. Fui al siguiente día, me hicieron una nueva radiografía y me enyesaron, fui a chequeo la semana siguiente, todo bien, fui la segunda semana, todo bien, fui la tercera semana, me hicieron una radiografía y para sorpresa mía dijo el doctor, “te tenemos que quitar el yeso, tu no tienes ningún hueso roto o fisurado”.

En ese entonces no sabia cómo reaccionar pero ahora puedo decir que cuando Dios se mete en algo “Él lo hace completo y bien”. Pasó un año del accidente y dos días después de mi cumpleaños me invita alguien a la iglesia, también me invita el pastor de mi hermano. Para ser sincero fui porqu me invitó una muchacha sin saber que ese medio utilizaría Dios para llegar a sus pies.

Asistí un sábado a una vigilia, y aunque estaba cansado decidí ir el domingo también. Ese día mi vida cambió. Ese día se me hizo la invitación a servirle al Padre. Ese día, acepté a Cristo como mi Único y Suficiente Salvador. Ahí estaba yo frente a 3 floreros. Estaba frente a 3 hermanos encargados de la alabanza, uno en el piano, otro cantando con micrófono y otro con la guitarra. El 3er. día después de mi cumpleaños. frente al tercer pastor en mi vida, ahí estaba yo, frente al Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Así han pasado casi 2 años de mi conversión, se me ha profetizado por 2 hombres de Dios en distintos momentos, que mi Padre Jehová me ha llamado al Ministerio de Maestro, diciendo que el es mi Maestro. He escuchado la voz del Espíritu Santo en muchas ocasiones, una vez en medio de la alabanza de la iglesia; yo de rodillas le lloraba a Dios diciendo ¿Quién soy yo y quiénes somos nosotros para poder alabarte? No soy digno ni de mencionar tu nombre, soy un pecador. ¿Por qué me amas tanto? ¿Por qué, por qué?

Una voz inconfundible con una autoridad que nunca había oído dijo a mi mente: “Yo me glorifico donde quiero y con quien yo quiero”. Yo me sequé las lagrimas, me paré y alabé con la iglesia. Sentía paz en mi interior. Tiempo después se convierte a Cristo mi hermano mayor y su esposa por medio de una invitación que les hice a la iglesia.

No se si ustedes llegaron a leer hasta este punto. Solo cabe decir que soy alguien común y corriente buscando del Único e Inigualable Jehová. No buscó un título con mi nombre, solo busco ser un cristiano, afirmado en Cristo y lleno del Espíritu Santo. Como dijo Paul Washer “No hay grandes hombres de Dios, solo hay hombres buscando del Único Grande, pues Dios no comparte su gloria”.

Dios les Bendiga a ustedes y a todos en el Instituto de Líderes Cristianos. Espero encontremos juntos la paz que Cristo Jesús ofrece, esa paz que aunque muramos de hambre prevalece en el corazón. ¡Esa paz que no viene de lo material sino del amor de Cristo Jesús, el Hijo de Dios, Todopoderoso! ¡Amén!

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