Un Verdadero Reflejo de Jesús

Quiero que terminé de morir todo el mal que hay en mí. Todo lo que no le agrada a Él

¡Un Verdadero Reflejo de Jesús! ¿Tienes nombre de que vives y estás muerto? Por qué este titular? Porque es lo último que escuché de la voz, voz que cambió mi corazón y me hizo entrar en razón. Durante mi niñez y parte de mi adolescencia, crecí en un entorno cristiano. Mi familia lo es y muchos de mis amigos en la infancia lo eran también. En el mes de abril del 2020 fui contagiado por el coronavirus y tuve una experiencia sobrenatural que cambió mi vida; ahora puedo decir con toda seguridad que morí y volví a la vida. En mi éxtasis, me vi ante una especie de estrado, dónde no veía a nadie, solo escuchaba voces y sentía como “presencias”. Dicen muchos que cuando se siente morir ven su vida pasar antes sus ojos, yo no la vi, solo lo escuché.

Entonces escuché una voz, cuya presencia yo percibía. Empezaba a decir todo lo que había hecho en mi vida y se me concedió la oportunidad de justificar mis hechos, y la verdad que no sirvieron de nada, no fueron suficientes, ninguna de ellas, y fue entonces cuando sentí desfallecer, y caí de espaldas, hacia atrás, y empecé a llorar, gritar y patalear como una cucaracha.

Y yo gritaba ¿Por qué me hicisteis cizaña? ¿Por qué? ¿Por qué? Estaba desconsolado y repetía una y otra vez ¿Por qué me hicisteis nacer? ¿Para qué me hiciste venir a este mundo si al final no iba a estar contigo? No, no, no. Y lloraba amargamente y desconsoladamente. Y cuando ya parecía que me iban apresar, yo sabía que no había esperanza para mi. Yo sabía que era culpable de todas las cosas, sabía lo que me esperaba.

Recuerde que yo era cristiano; al menos conocía de las cosas de Dios. Sé lo que les espera a los que no han sido obedientes a La Palabra; el lago de fuego. Y cuando se acercaban para retirarme de la sala, sentí que entra una presencia aún mayor. Escuché una voz diferente, en su tono y su firmeza. Todas las demás presencias como que retrocedieron o hicieron reverencia. Sentí ponerme en pie y a continuación la voz dijo algo parecido a lo que está escrito en Apocalipsis 3:

“Conozco tus obras, tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de mi. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues sino velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti” (Apocalipsis 3:1-3).

Y de ahí, fui llevado a otro lugar donde se me mostraron muchas cosas personales y de porqué mis justificaciones no sirvieron de nada, y otras más que se me dieron a conocer y entender. Y aquí estoy empezando mi vida de cero, arrepintiéndome de todo el mal que he causado y he hecho en mi vida a cientos de personas.

Estoy aquí queriendo recuperar a mi familia; queriendo ser un siervo fiel y humilde que comparte la Palabra de Verdad, y anuncia el evangelio de salvación y restauración. Aquí estoy deseando compartir mi experiencia personal. Aunque he sido cristiano —el nombre del que vive es Cristo— no he vivido conforme a Su Verdad, no he sido digno de ser llamado cristiano, hijo de Dios, por eso solo quiero ser fiel a mi Salvador viviendo como el vivió, guardando sus mandamientos, y dar del amor del Padre que hay en mi a todos aquellos que lo necesiten.

Sé que en este mundo no podre borrar mi pasado y las consecuencias de mi mala vida me acompañaran hasta que deje de respirar. Pero mientras hay aliento de vida en mí, lo dedicaré a la obra de su reino para alcanzar a aquellos que me permita. Viviré con la esperanza, la fe y la convicción de que Jehová Dios, es real, quien gobierna los cielos y la tierra, que Su Reino es sempiterno y que he recibido su perdón por medio de su hijo Jesucristo.

Quiero que terminé de morir todo el mal que hay en mí. Todo lo que no le agrada a Él. Quiero compartir lo que recibí de Él, guardando Su Palabra, que mi vida sea un verdadero reflejo de Jesús el hijo de Dios en mí, permaneciendo en Él. Cuando vengan las nubes con el Hijo del Hombre en poder y gloria, podré erguir mi mirada a Él, sentir que ahora soy digno de ser llamado hijo de Dios y estar a su diestra. Y morar eternamente en su Reino Celestial, de justicia, misericordia, paz, verdad y amor.

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