Yo quiero ser un Capellán

Yo quiero ser un Capellán

A esas cárceles no dejan entrar a compartir La Palabra a menos que sea un capellán nombrado

¡Yo quiero ser un Capellán! Soy cristiano desde mi nacimiento, por lo que mi testimonio en buena parte, tiene mucho que ver mi madre en mi caminar con Dios. Ella pasaba frecuentemente por el frente de una iglesia cristiana evangélica y le preguntó un día al cura católico de la iglesia donde mi madre asistía y le dijo: “Padre, ¿Qué opina sobre los evangélicos?” y el cura le dijo: “Ellos creen en Dios, leen la misma Biblia que nosotros leemos, y aunque ellos no están sujetos a jerarquías eclesiásticas como nosotros, son buenos cristianos porque creen en el Padre, en Jesucristo y en el Espíritu Santo”.

Por ello, desde ese momento, mi madre ingresó a la iglesia cristiana evangélica. Pero, ¿Por qué le interesó ingresar allí? Porque vio que eran cariñosos, cantaban muy avivados y se veían alegres todo el tiempo. Eso le encantó. Lo primero, que ella hizo fue entrar en un ayuno de tres días, pero no sabía como orar. Le daba pena preguntar en la iglesia, pero había leído que Jesús lo primero que hizo fue ayunar al empezar su ministerio.

Ella dice: “Mi ministerio es ser de Cristo y reflejar lo que Cristo hizo en mi vida”. Cuando alguien le pregunta de qué denominación o iglesia es, sólo dice: “Soy de Cristo, es lo único que importa, no donde yo asisto, sino lo que reflejo de Cristo en mí ante usted”. Nuestras vidas no fueron fáciles; primero, el rechazo de mi padre, que abandonó a mi madre por otra mujer; segundo, la familia, que era católica, apostólica y romana, que criticaban que nos hayamos convertido al cristianismo y último; la falta de recursos económicos y de una vivienda fija para vivir.

Ella siempre me llevaba a la iglesia, pero a mí no me gustaba estar en escuelas infantiles o dominicales. Me gustaba estar al pie de mi madre y escuchar lo que el pastor y la maestra bíblica, la esposa del pastor, decían. Me fascinaba más cantar con los grandes, que estar con otros niños y hasta imitaba a los pastores. Ponía un cajón del guardarropas frente a mí y le predicaba a mi madre.

Recuerdo que una noche vi un ángel o al Señor Jesús, y me miraba, pero no le veía el rostro por su esplendor. Me mostraba la Biblia abierta, no sabía que página de la Biblia sería porque todavía no sabía leer. Me desperté y le conté a mi madre. Luego, llegó la juventud y una mayor consciencia de mi vida cristiana. Sabía que todo pecado estaba fuera del cuerpo, pero la fornicación, el adulterio, el alcoholismo, las drogas son contra el cuerpo, por lo que siempre le huí a tener una novia (1 Corintios 6:18-20). Sin embargo sí salía con amigos a tomar o bailar, y más aún cuando ingresé a trabajar.

Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. (1 Corintios 6:18-20)

Mi madre se enfermó y no podía caminar y mi abuela era ya anciana y no sabía leer. Por lo que prácticamente la cabeza de la familia en cuanto a lo económico, era yo. Meditando un día en una discoteca y pensando en la situación de mi casa, me dije ¿qué hago yo aquí? Y volví con más frecuencia a asistir a la iglesia. Un buen día invitaron a líderes y pastores a una convención en la Iglesia Tabernáculo de la Fe, del Pastor Hector Pardo en la ciudad de Bogotá. Yo fui de “colado”, “me pegué” (como se dice en Colombia), pues yo no estaba invitado. Venían diferentes ministerios como el misionero Min Ho miembro del ministerio del pastor David Cho de Corea del Sur, el pastor David Hormachea, el pastor Matthew Woven, entre otros.

Cuando estábamos orando, y yo en la última silla, por obvias razones, fue hasta allí el pastor Matthew Woven y Dios me dijo: “Mi siervo, emprende a hacer una carrera universitaria, porque vas a ser un profesional recto, te voy a dar mucha autoridad y vas a ser autodidacta en Mi Palabra”. Yo dije, ¿mi siervo? Pero, si soy un “NINI”, ni soy pastor, ni líder, ni ujier, ni nada… pero me dice mi siervo… ¿Hacer una carrera profesional? …pero no tengo dinero, ni tiempo y… ¿autodidacta? ¿qué será eso?

Pues bueno, si Pedro, que era un experto pescador y sabía que ya a esa hora, que Jesús le dijo que tirará la red, era difícil capturar peces, pero por la palabra de Jesús, tiró la red y capturó gran cantidad de peces (Lucas 5:5-10) ¿por qué yo no? Y le creí a Dios, si tu hablaste (Jeremias 28:9; Mateo 10:41) Me darás el dinero y seré aceptado en la universidad.

Y sin un peso, estoy terminando ya la carrera de Contaduría Pública y estuve en la misma universidad en Filología Clásica. Pero, se preguntarán ¿qué paso con la otra carrera de filología? la cual sirve mucho para el llamado y conocimiento de las escrituras bíblicas. Principalmente, me vi muy enfermo y me tocó renunciar, no me dieron más aplazamientos y por otro, no daban trabajo o apoyo económico como estudiante en ese tipo de carreras, por lo que cuando me vi mejor de salud, ya no me podía presentar a la misma y escogí la otra.

En la misma universidad que es de ideología de izquierda, atea y que atacan mucho a la iglesia, estuve en fuertes discusiones académicas sobre la defensa de los judíos, el cristianismo, el creacionismo, entre otros aspectos. Veía que una capellanía cristiana en la universidad sería muy útil para profundizar y que las discusiones por la fe no se quedarán solo en los salones sin tiempo a profundizar y que se pudiera explicar y profundizar mejor en una capellanía.

Sin embargo, con lo poco que estudié, he estado enseñando en las escuelas bíblicas y en grupos o células en casa, llamadas “Grupos de Crecimiento Integral” de la iglesia y últimamente, la iglesia se ha involucrado en el tema carcelario, para llevarles la Palabra de Dios a los presos que muchas necesidades tienen y además a las URIS o centros de detención pequeños, que se encuentran en cada estación de policía, el hacinamiento es grande; más del 150% en cada una.

Las condiciones de las URIS son peores que una cárcel formal. Los presos no pueden salir al sol, no pueden estar dignamente, sino dormir por turnos y hacer fila para un solo baño. Lo peor es que nadie los visita con una palabra de aliento espiritual. Es verdaderamente triste. A esas cárceles no dejan entrar a compartir La Palabra a menos que sea un capellán nombrado, por eso yo quiero ser un capellán.

Es por ello, que me inscribí al Instituto de Líderes Cristianos, porque es el único medio que me permite estudiar, sin tener recursos económicos, porque todavía sigo estudiando, pero que sé que Dios me dará el dinero para apoyarlos y cumplir con la obra, con la Gran Comisión que Dios nos ha inculcado y encomendado. (Mateo 28:19; 2 Timoteo 4:2)

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